sábado, 31 de marzo de 2012

Los dinosaurios que explotan después de muertos

Una investigación aclara el misterio de las hembras preñadas de ictosaurio, cuyos restos aparecen rodeados de embriones esparcidos como si hubieran sido expulsados en una explosión

Los restos de una ictiosauriopreñada, de 182 millones de años de antiguedad, hallada en Holzmaden (Alemania), han intrigado a los científicos durante mucho tiempo. En efecto, y a pesar de que el esqueleto del antiguo reptil marino está perfectamente conservado y parece descansar tranquilo en lo que, una vez, fue un fondo oceánico, sus diez embriones aparecen esparcidos alrededor de su cuerpo, como si la madre hubiera explotado misteriosamente y los hubiera dispersado en todas direcciones. El estudio se publica en la revista Palaeobiodiversity and Palaeoenvironments.
Resulta, además, que no es la primera vez que se encuentra esta extraña disposición de los huesos fosilizados de una hembra de ictiosaurio. Razón por la que la mayoría de los investigadores creían hasta ahora que, de alguna forma, los cuerpos de estos animales "explotan" después de morir, probablemente a causa de la putrefacción de los gases producidos por el cuerpo durante el proceso de descomposición. Esas explosiones, según la doctrina más aceptada, serían las responsables de que los embriones salieran proyectados fuera del cuerpo materno y aparezcan diseminados a su alrededor.
Ahora, sin embargo, una serie de cuidadosos análisis realizados por un equipo de sedimentólogos, paleontólogos y forenses suizos y alemanes ha derribado el mito de los ictiosaurios que explotan. Y es que, al parecer, los gases que es capaz de producir el cuerpo de un ictiosaurio en descomposición no ejercen la presión suficiente como para provocar un efecto explosivo. Los investigadores llegaron a esa conclusión tras comparar las emanaciones de gases de cien cuerpos sin vida de otra criatura de similares dimensiones: el ser humano.
Expertos del Instituto de Medicina Forense de Frankfurt, en Alemania, insertaron manómetros a través de los ombligos de cien personas fallecidas para medir la presión ejercida en sus cavidades torácicas por los gases de descomposición. Y encontraron que, como media, ésta era de solo 0,035 bares. En el caso de los ictiosaurios, y teniendo en cuenta que sus carcasas estarían cubiertas por entre 50 y 150 metros de agua, serían necesarias presiones de entre 5 y 15 bares para causar una explosión del cuerpo. Algo que, según el paleontólogo alemán Christian Klug, es imposible: "Los grandes vertebrados no pueden explotar al descomponerse. Nuestros resultados -afirma- pueden aplicarse a todos los vertebrados pulmonados en general".

AXN, llega el ADN sintético

Un investigador explica en Science la forma de ensamblar, de forma artificial, nuevos ácidos nucléicos

La biología que conocemos, que está en la base misma de toda la vida en la Tierra, tiene un "alfabeto" bien definido. Existen "letras" (los nucleótidos), que forman "palabras" (los genes), que a su vez integran un completo "vocabulario" (el genoma), formado por largas cadenas de ADN y ARN. Por lo que sabemos, estas son las dos únicas moléculas biológicas que son capaces de almacenar información, y de transmitirla a través de un proceso de duplicación o réplica. Aunque eso no significa, por supuesto, que las cosas no puedan funcionar de otro modo.
Precisamente eso es lo que ha demostrado Vitor Pinheiro, investigador del Medical Research Council de Cambridge, en Gran Bretaña. En un artículo recién publicado en Science, Pinheiro explica la forma de ensamblar, de forma artificial, nuevos ácidos nucleicos, los AXN (Xeno nucleic acids), con las mismas capacidades y funciones que tienen el ADN y el ARN.
En cierto modo, los AXN son simples variaciones de la "receta molecular original". De hecho, tienen un esqueleto formado por las mismas bases nitrogenadas (adenina, guanina, citosina y timina) que el ADN corriente, aunque no utilizan los mismos azúcares, diferencia que no les impide ser capaces de almacenar y transmitir información. No solo eso, sino que uno de los seis AXN sintetizados, el AHN, ha sido incluso capaz de evolucionar en los laboratorios.

Formas de vida alternativas

El trabajo de Pinheiro se entronca en una investigación más amplia y cuyos objetivos son, ni mas ni menos, los de localizar formas de vida alternativas a las que se dan en la Tierra y descubrir, de paso, cómo aparecieron en nuestro propio planeta las primeras moléculas capaces de almacenar información.
Sin duda, la característica más destacada de los AXN es su capacidad para replicarse. Gracias a una serie de enzimas y en condiciones de laboratorio, la secuencia de letras de los AXN consiguió copiarse en una secuencia de ADN que, a su vez, sirvió como "molde" para crear un nuevo filamento de AXN idéntico al original. El proceso demostró ser muy eficiente en todos los casos, aunque en algunas de las moléculas de AXN se llegó hasta el 99,6% de precisión. La capacidad de duplicación de estos ácidos nucleicos sintéticos es de fundamental importancia: de hecho, no hay otra forma de que la información pueda transmitirse de generación en generación.

Resistentes

Pero la Biología nos enseña que donde hay herencia, hay evolución, una regla que se cumple a rajatabla también en las nuevas moléculas de AXN. De hecho, los investigadores han conseguido demostrar que, en presencia de una determinada enzima, el AHN evoluciona hasta el punto de formar estructuras tridimensionales perfectamente capaces de unirse de forma eficaz a otras moléculas.
Por último, las moléculas AXN poseen una propiedad química exclusiva, una que ni el ADN ni el ARN tienen: la resistencia a una serie de enzimas que son capaces de atacar y destruir los ácidos nucléicos. Una característica que hace que el AXN sea perfecto para un gran número de usos, entre ellos la fabricación de nuevos materiales o la medicina.
Ahora, el siguiente paso de los investigadores será el de conseguir que las secuencias de AXN se dupliquen sin pasar por el antes citado paso intermedio del ADN. Según escribe en Science el químico evolucionista Gerald Joyce, "los AXN abren la era de la genética sintética, con profundas implicaciones para la exobiología, la biotecnología y la comprensión de la vida misma. Pero habrá que tener mucho cuidado de no llevar esta investigación hacia áreas que podrían ser peligrosas para nuestra propia biología".

sábado, 10 de marzo de 2012

Los gorilas, más parecidos al hombre de lo que creíamos

La secuenciación del genoma de estos enormes simios revela que, en algunos aspectos, tenemos más en común con ellos que con los chimpancés, nuestros parientes más cercanos

Un equipo del prestigioso Instituto Wellcome Trust Sanger, una institución británica sin ánimo de lucro dedicada a la investigación genética, ha conseguido secuenciar por completo, por primera vez, el genoma del gorila, el último de los grandes simios vivos cuyo «código de barras» quedaba por descifrar. Aunque los chimpancés siguen siendo nuestros parientes más cercanos, las criaturas del planeta con las que tenemos más en común, el reciente hallazgo genético ha revelado que somos mucho más parecidos a los gorilas de lo que creíamos, al menos en un 15% de nuestro genoma. La investigación, publicada en la revista «Nature», no solo proporciona claves sobre la evolución humana, sino que también pone de relieve la importancia de proteger una especie en peligro de extinción que resiste, gravemente amenazada, en los bosques ecuatoriales de África central.
El equipo, dirigido por Richard Durbin, secuenció el genoma de una hembra de gorila occidental de las tierras bajas (Gorilla gorilla gorilla), llamada Kamilah, y comparó el resultado con el de humanos, chimpancés y orangutantes -los otros tres grandes simios vivos- y con otras especies de gorilas. Los científicos analizaron más de 11.000 genes para buscar importantes cambios genéticos en la evolución. De esta forma, descubrieron que aunque en general el hombre y el chimpancé son más parecidos, existen ciertos territorios de nuestro genoma en lo que esto no es cierto. El 15% del genoma humano está más cerca del gorila que del chimpancé, y el 15% del genoma del chimpancé está más cerca del gorila que del ser humano.
«Nuestros hallazgos revelan no solo diferencias entre las especies que reflejan millones de años de divergencia evolutiva, sino también cambios genéticos similares que se produjeron al mismo tiempo desde su ancestro común», explica Chris Tyler-Smith, uno de los autores de la investigación. Uno de estos cambios tiene que ver con la percepción sensorial auditiva, que se desarrolló al mismo tiempo, de forma acelerada, en gorilas y humanos. Los científicos creían que este rápido proceso estaba relacionado con la evolución del lenguaje en el ser humano, pero los nuevos resultados ponen en duda este punto, ya que, aunque pasaron por lo mismo, los gorilas no hablan.

En peligro de extinción

La investigación también ilumina el momento en el que los gorilas se separaron como especie de humanos y chimpancés, hace diez millones de años. La división entre gorilas occidentales y orientales (entre ellos los famosos de montaña) fue mucho más reciente, en el último millón de años, y gradual, a pesar de que ahora son genéticamente distintos. Esta división es comparable en algunos aspectos con la que se produjo entre chimpancés y bonobos, o entre el ser humano modern0 y los neandertales.
Los gorilas sobreviven en nuestros días en poblaciones aisladas en los bosques ecuatoriales de África central. En peligro de extinción, se encuentran gravemente amenazados y son víctimas de matanzas por razones comerciales. Los científicos creen que esta investigación puede servir para concienciar aún más sobre la necesidad de proteger a estos simios que se nos parecen tanto. Dejar que desaparezcan sería como acabar con una parte de nosotros mismos.

Un nuevo método para encontrar vida en otros planetas

La técnica, en la que han participado científicos de Canarias, permite descubrir si la vida vegetal más simple se encuentra en otro lugar del Universo

A partir de la observación de la Luna, astrónomos del Observatorio Europeo Austral (ESO) han encontrado evidencias de vida en el Universo... concretamente en la Tierra. Encontrar vida en nuestro planeta puede parecer una observación trivial, pero el nuevo enfoque de este equipo internacional de científicos, entre los que participan astrónomos canarios, puede llevar a futuros descubrimientos de vida en otros lugares del Universo. El trabajo se describe en un artículo que aparece publicado en la revista Nature.
«Utilizamos un truco llamado observación earthshine (en inglés, brillo de la Tierra) para mirar la Tierra como si fuera un exoplaneta», explica Michael Sterzik, autor principal de la investigación. «El Sol brilla sobre la Tierra y esa luz se refleja de nuevo sobre la superficie de la Luna. La superficie lunar actúa como un enorme espejo».
Los astrónomos analizan la débil luz reflejada por la Tierra buscando indicadores, como ciertas combinaciones de gases en la atmósfera de la Tierra, los delatores de la presencia de vida orgánica. Este método hace de la Tierra un punto de referencia para la futura búsqueda de vida en planetas más allá del Sistema Solar.
Las huellas de vida, o biomarcadores, son difíciles de encontrar con métodos convencionales, pero el equipo ha sido pionero al aplicar un nuevo enfoque más sensible. En lugar de limitarse a observar cuán brillante es la luz reflejada en diferentes colores, también observan la polarización de la luz, una técnica denominada espectropolarimetría. Aplicando esta técnica al brillo de la Tierra observado con el VLT, pueden verse con claridad los biomarcadores en la luz reflejada desde la Tierra.
Stefano Bagnulo (Observatorio de Armagh, Irlanda del Norte, Reino Unido), coautor de este estudio, explica las ventajas: «La luz de un exoplaneta distante es difícil de ver debido al brillo de la estrella anfitriona, con lo cual es muy difícil analizarla; casi tan complicado como intentar estudiar un grano de polvo junto una potente bombilla. Pero la luz reflejada por un planeta se polariza, mientras que la de la estrella no. Por tanto, las técnicas polarimétricas nos ayudan a capturar la débil luz reflejada de un exoplaneta proveniente de su deslumbrante estrella».
El equipo estudió tanto el color como el grado de polarización de la luz de la Tierra tras ser reflejada por la Luna, como si la luz viniera de un exoplaneta. Consiguieron deducir que la atmósfera de la Tierra es parcialmente nubosa, que parte de su superficie está cubierta de océanos, y que —y esto resulta crucial— hay vegetación. Pudieron incluso detectar cambios en la cobertura de nubes y en la cantidad de vegetación en diferentes momentos, dado que la luz reflejada por la Luna provenía de diferentes partes de la Tierra.
«Encontrar vida fuera del Sistema Solar depende de dos cosas: en primer lugar, de que esa vida exista y, en segundo, de que contemos con la suficiente capacidad técnica para detectarla», añade Enric Palle, del Instituto de Astrofísica de Canarias. «Este trabajo es un paso adelante en el camino para alcanzar esas capacidades».
«La Espectropolarimetría puede, en última instancia, decirnos si la vida vegetal más simple —basada en procesos de fotosíntesis— ha emergido en algún otro lugar del Universo», concluye Sterzik. «Pero, por supuesto, no estamos buscando pequeños seres verdes ni evidencias de vida inteligente».
La próxima generación de telescopios, como el E-ELT (European Extremely Large Telescope), podría ser capaz de darnos la extraordinaria noticia de que la Tierra no está sola como portadora de vida en el Universo.

    La NASA perdió en 2011 un ordenador con información sensible

    El portátil contenía los algoritmos utilizados para controlar la Estación Espacial Internacional


    La Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA) es conocida por logros como haberle ganado la carrera espacial a la Unión Soviética o haber conseguido que el hombre llegase a la Luna. Pero lo que desconocíamos es que la agencia norteamericana tiene un serio problema con la seguridad informática.
    Durante una sesión del Subcomité de Investigaciones y Descuidos celebrada la tarde del 29 de febrero, la NASA fue evaluada por sus constantes brechas de seguridad, entre las que se encuentran la pérdida en marzo de 2011 de un ordenador personal que contenía los algoritmos necesarios para manejar remotamente la Estación Espacial Internacional (ISS) o los 5.621 errores de seguridad que sufrió entre 2009 y 2010.
    «Mientras que nuestras agencias de inteligencia y defensa vigilan la puerta principal del país y previenen intrusiones que podrían robar o corromper información sensible, la NASA se podría convertir en una puerta trasera sin cerrar y sin la vigilancia necesaria», explicó el presidente del subcomité, Paul Broun.
    Ante este subcomité, que actúa como autoridad designada por el Congreso de EE.UU. para valorar los problemas relacionados con su Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología, acudieron Linda Cureton, directora de información de la NASA; y Paul Martin, inspector general de la misma agencia.

    Fallos en los satélites

    Durante varias horas, Cureton y Martin tuvieron que responder a las preguntas del subcomité sobre problemas técnicos como los experimentados por los satélites Terra y Landsat-7, los cuales han sufrido en el último año dos fallos que podrían ser el resultado de ciberataques a sus sistemas de control. Otros asuntos sobre la mesa fueron el robo de 48 aparatos móviles entre abril de 2009 y abril de 2011 con información que incluía detalles sobre los programas Constellation y Orion.
    Paul Martin, cuya unidad se encarga de supervisar con auditorias el trabajo del equipo de Cureton, presentó un informe ante la sala con recomendaciones para mejorar la seguridad de la agencia en el que dejaba patente que esta es vulnerable a incidentes que podrían tener consecuencias severas o catastróficas en las operaciones y la propiedad de la agencia. «Hasta que la NASA incorpore una política de seguridad tecnológica en su modelo de gestión e implemente programas de seguridad, seguirá en riesgo de incidentes que pueden tener efectos adversos», añadió Martin.­­­
    Broun alabó el esfuerzo que la NASA está haciendo para seguir las recomendaciones realizadas por su inspector general, pero también apuntó que aún queda mucho por hacer, ya que a menos que la agencia sea «capaz de adaptarse constantemente, su información, sistemas y operaciones continuarán estando en peligro».

    La Tierra surgió del impacto de meteoritos

    Los «ladrillos» a partir de los que se formó la Tierra podrían ser muy distintos de lo que los científicos habían creído hasta ahora

    Los "ladrillos" a partir de los que se formó la Tierra podrían ser muy distintos de lo que los científicos habían creído hasta ahora. En efecto, un nuevo estudio sugiere que nuestro planeta surgió a partir de un gran número de colisiones de meteoritos, de varias clases y tamaños. El estudio, llevado a cabo por investigadores franceses, se publica hoy en la revista Science.
    La teoría clásica de la formación de la Tierra nos dice que, hace unos 4.500 millones de años, el material sobrante del nacimiento del Sol formó alrededor de la estrella recién nacida un disco de polvo cuyos granos, muy lentamente y debido a su propia gravedad, se fueron agrupando y formando primero pequeñas piedras, después rocas más grandes y por último un embrión planetario, que fue atrayendo más y más material hasta dar forma a la Tierra que conocemos.
    También se pensaba que la mayor parte de los cuerpos que se fueron fusionando al "embrión terrestre" se habían formado en un estrecho "corredor" espacial y eran todos muy similares y pertenecientes a una sub familia de meteoritos llamados condritas de enstatita.
    La idea se basaba en el hallazgo de un gran número de sorprendentes similitudes entre los diferentes isótopos de elementos como el oxígeno, el níquel y el cromo, entre la Tierra y ese tipo concreto de meteoritos. Los isótopos son átomos de un mismo elemento que tienen, sin embargo, distinto número de neutrones en su núcleo.
    Pero una nueva comparación entre isótopos de silicio terrestre y procedente de meteoritos parece sugerir que nuestro planeta está "amasado" a partir de una mezcla muy heterogénea de meteoritos de varias clases. Los geoquímicos Caroline Fitoussi y Bernard Bourdon, de la Ecole Normale Supérieure de Lyon, en Francia, han analizado isótopos de silicio procedentes de distintas rocas del manto terrestre. Y los han comparado después con los mismos isótopos procedentes de rocas lunares (de las muestras traídas a la Tierra en las misiones Apolo) y de meteoritos.
    Utilizando modelos informáticos de la formación de la Tierra, los investigadores se dieron cuenta de que para producir la mezcla exacta de isótopos de oxígeno, níquel y cromo hallada en las muestras terrestres era necesario unir por lo menos tres clases diferentes de meteoritos, y no solo una. En otras palabras, no fueron solo las condritas de enstatita las que formaron nuestro planeta.

    Formación de la Luna

    "Es la primera vez -explica Fitoussi- que se observa una diferencia en la composición isotópica de un elemento entre las condritas de enstatita y la Tierra. Es algo muy diferente a todo lo que se había visto antes".
    El hecho, además, de que los isótopos de silicio medidos en rocas terrestres y lunares fueran casi idénticos entre sí sugiere que el material que creó la Luna debió por fuerza formar parte del manto terrestre antes de que surgiera nuestro satélite. De otro modo, los isótopos de ambos cuerpos habrían sido muy diferentes.
    La idea respalda y da nueva consistencia a la teoría de que la Luna se formó como consecuencia del impacto de un asteroide gigantesco (probablemente de tamaño similar a Marte) contra nuestro joven mundo.

    Niños y monos aprenden de forma diferente

    Pequeños de guardería demuestran ser más habilidosos que los monos en la resolución de un rompecabezas porque comparten sus conocimientos, un tipo de aprendizaje que puede explicar por qué la cultura humana es única

    La situación no es nueva. Niños de tres años y chimpancés, delante de un puzzle o un ingenioso juguete, ponen a prueba su capacidad de aprendizaje para los científicos. Los primatólogos creen que los pequeños de esa edad y los simios tienen una inteligencia comparable, pero los experimentos han demostrado que existen diferencias fundamentales en la forma de adquirir y acumular conocimiento que hacen único al ser humano. En este nuevo ensayo, llevado a cabo por un equipo internacional de investigadores, se pidió a un grupo de niños de guardería, chimpancés y monos capuchinos adultos que armaran el mismo rompecabezas. Los menores lo hicieron mejor, porque colaboraron y compartieron información, mientras que los monos no parecían mostrar interés por cómo les iba a sus compañeros. Para los científicos, que han publicado sus resultados en la revista Science, ésta puede ser la clave de que la cultura humana se vuelva cada vez más compleja a lo largo de generaciones.
    La inteligencia de los chimpancés es bien conocida. Pueden aprender el lenguaje de los signos con un vocabulario aceptable, tienen capacidad simbólica, utilizan herramientas e incluso han demostrado ser superiores a nosotros en algunas habilidades de memoria matemática. Los primatólogos dicen que su capacidad mental es parecida a la de un niño de tres años. En un famoso experimento llamado el «cacahuete flotante», llevado a cabo por científicos del Instituto Max Plank de Alemania, niños de esa edad y monos podían obtener un premio si eran capaces de rescatar una nuez metida en una probeta, para lo que se les entregaba un vaso de agua. Animales y críos alcanzaron aciertos similares, pero los primeros se dedicaron a improvisar, mientras que los pequeños eran capaces de imitar a los que tenían más éxito.

    Enseñanza mutua

    Este experimento llega a conclusiones parecidas. En esta ocasión, científicos de las universidades de Texas (EE.UU.), Estrasburgo (Francia) y St. Andrews y Durham (Reino Unido), pidieron a niños de 3 y 4 años y a monos que armaran un rompecabezas en forma de caja si querían conseguir unos regalitos -pegatinas para los niños; zanahorias, manzanas y uvas para los monos- que se entregaban en tres etapas cada vez más difíciles. Para ello, tenían que manipular los compartimentos correctamente. Los niños tuvieron mucho más éxito en alcanzar las etapas de más alto nivel porque, a diferencia de los chimpancés, compartieron sus conocimientos, se imitaron, se enseñaron unos a otros y se repartieron sus premios.
    Los investigadores creen que este paquete de procesos psicológicos es crítico para el desarrollo de una cultura acumulativa, el conocimiento que la humanidad suma a lo largo del tiempo. Aunque muchas otras especies, especialmente entre los mamíferos, aves y peces, adquieren conocimientos y habilidades de los demás, los investigadores creen que este comportamiento no puede asemejarse en complejidad al que realiza el ser humano.

    El plasma de la tormenta solar llega a la Tierra

    Es probable que esquivemos la nube de partículas enviada por la gran llamarada del lunes, pero la mancha 1429 ya había lanzado otro bombazo, algo más suave, que quizás no podamos evitar

    El Sol vuelve a hacerse notar con rabia. El lunes envió una potente llamarada de clase X1 y la súbita liberación de gran cantidad de materia solar, una nube ardiente de partículas y radiación llamada CME (eyección de masa coronal) a miles de km por segundo. Por fortuna, es probable que este regalo envenenado de nuestro astro rey no golpee la Tierra, sino que vaya dirigido de lleno contra Mercurio y Venus. Sin embargo, la misma mancha que provocó el primer bombazo, la AR 1429, lanzó otro el domingo, algo más suave, de clase M, cuya nube sí podría cruzarse este martes con nuestro planeta.
    Cada once años, la actividad del Sol alcanza su punto máximo. Aparecen manchas solares, que son zonas más frías y de color oscuro, con fuertes campos magnéticos. La diferencia térmica causa erupciones solares, grandes y violentas llamaradas. Las llamaradas se clasifican de acuerdo a su fuerza. Las más pequeños son de clase B, seguidas de C, M y X, la más grande. Al igual que en la escala de Richter para los terremotos, cada letra representa un incremento de diez veces en la producción de energía. Así, una X es 10 veces mayor que una M y 100 veces superior a una C. Dentro de cada letra, hay una escala más de 1 a 9. La X.9 sería la llamarada más salvaje.

    En el campo magnético

    La llamarada de clase M, cuyo CME puede golpear de refilón el campo magnético de nuestro planeta este martes, es suficientemente potente como para causar apagones de radio en los polos. El Observatorio de Dinámica Solar (SDO) de la NASA espera que se incrementen las auroras en altas latitudes. Los expertos señalan que la actual temporada de tormentas solares es la más intensa desde septiembre de 2005. En enero, los científicos detectaron dos llamaradas en cuatro días seguidas de ondas expansivas de miles de millones de toneladas de plasma desplazándose a unos 8 millones de kilómetros por hora. La onda causada por la segunda erupción alcanzó la Tierra en unas 34 horas, antes de lo que es habitual -que suele ser dos o más días-, y varios vuelos que debían sobrevolar el Ártico fueron desviados para evitar el exceso de radiación. Las auroras boreales fueron más intensas que nunca e incluso pudieron verse en Escocia.

    Una potente llamarada solar interrumpe las comunicaciones en Australia, China e India

    De máxima intensidad, ha surgido de la mancha solar 1429 y ha golpeado la Tierra hace tan solo unas horas

    Ha vuelto a ocurrir, y esta vez ha dado con fuerza. Una llamarada solar de clase X, la de mayor nivel, se ha registrado a las 5.05 horas de este lunes (hora peninsular española) con dirección a la Tierra y ha provocado apagones de radio en Australia, China e India, según informa Europa Press. Esta llamarada surge de la mancha solar AR 1429, que sigue rotando hacia la Tierra y de la que se esperan que salgan nuevas llamaradas en los próximos días.
    La mancha 1429 apareció en las últimas horas del pasado viernes, llevada por su propia rotación, en el lado del Sol por el que actualmente «pasa» la Tierra. Debido a la composición de su campo magnético -y la alta cantidad de energía almacenada-, ha sido el origen de una alta actividad geomagnética, con numerosas llamaradas de diferentes niveles a lo largo de todo este fin de semana.
    Sin embargo, ninguna de ellas había tenido consecuencias hasta la registrada esta madrugada, que ha llegado a un nivel X1.1 -las hay A, B, C, M y X, letras a las que sigue un número del 1 al 9-, y que ha llegado a incidir de manera inmediata sobre Australia, China e India. El Observatorio de Dinámica Solar de la NASA (SDO) registró el impresionante fogonazo sobre la superficie del Sol, que puede verse en la imagen superior. Concretamente, pocos minutos después de su emisión se produjo un apagón de Radio (R3) sobre distintas áreas de esas zonas por la ionización en la atmósfera terrestre proveniente de la llamarada. Los expertos han apuntado que, habitualmente, suele tardar en torno a ocho minutos en alcanzar el planeta.

    Tormenta geomagnética

    Ahora, se espera la llegada de una eyección de masa coronal (CME, por sus siglas en inglés), una enorme nube de plasma lanzada por el Sol, que incidirá sobre la Tierra el miércoles o el jueves con una previsión de tormenta geomagnética de menor a moderada (niveles G1-G2). Posiblemente, se vean hermosas auroras.
    La Administración Nacional de los Océanos y la Atmósfera (NOAA) de EE.UU. ha revisado al alza la calificación inicial de la mancha 1429 (respecto la que daba un 5% inicial de llamaradas X), al tiempo que sigue su rotación hacia posiciones más centrales del disco solar y, por tanto, más geoefectivas.
    El bombazo es un ejemplo más de la actividad cada vez más fuerte del Sol. El pasado enero, una densa nube de materia solar golpeó la Tierra e hizo notar sus efectos en una buena parte del mundo, especialmente en el hemisferio norte. Varios vuelos que debían sobrevolar el Ártico fueron desviados para evitar el exceso de radiación. Las auroras boreales fueron más intensas que nunca y pudieron verse incluso sobre Escocia, mucho más al sur de lo habitual.
    Como la anterior, la tormenta solar de este lunes es impresionante para los estándares recientes, pero todavía falta por llegar el apogeo del ciclo solar. «Veremos más tormentas como ésta o incluso mayores a medida que nos acerquemos al máximo solar», avisaba en enero Michael Hesse, jefe de heliofísica de la NASA en el Centro Goddard para Vuelos Espaciales.

    miércoles, 29 de febrero de 2012

    Así fue el gran bombardeo sobre la Luna

    Hace 4.000 millones de años, nuestro satélite natural recibió por segunda vez una sucesión de impactos provocados por los cambios en las órbitas de los planetas gigantes


    Durante los primeros días de la Tierra, nuestro planeta y otros en el interior del sistema solar, también la Luna, experimentaron repetidos impactos de los desechos que formaban los bloques de construcción planetaria. Con el tiempo, cuando este material fue arrastrado e incorporado a los planetas interiores, la tasa de impactos disminuyó. Sin embargo, hace unos 4.000 millones de años, se sucedió una segunda oleada de impactos. ¿Ocurrió de igual forma? ¿El mismo fenómeno se produjo dos veces? No exactamente. Una nueva investigación ha descubierto que los nuevos proyectiles lunares golpearon a velocidades mucho más altas, incluso el doble. Esta gran velocidad de colisión, según los científicos, demuestra el origen de las «pedradas»: los asteroides del cinturón principal que fueron desalojados y enviados al interior del sistema solar por los cambios en las órbitas de los planetas gigantes. El estudio, que aparece publicado en la revista Earth and Planetary Science Letters, no es solo una curiosidad científica, sino que puede tener importantes implicaciones en una futura exploración o colonización de la Luna.
    En efecto, el equipo de investigadores del Instituto de Ciencia Lunar (NLSI) de la NASA situado en el Centro de Investigación Ames en Moffett Field, California, descubrió que el «cataclismo» que ocurrió en la Luna hace 4.000 millones de años se produjo a velocidades mucho más altas que las que hicieron los cráteres más antiguos. Los científicos encontraron pruebas que apoyan este escenario mediante el examen de la historia de la formación de cráteres en la Luna. Para ello, analizaron, entre otras, imágenes tomadas por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), que actualmente orbita alrededor de la Luna.
    Sus resultados muestran que los cráteres formados cerca de la cuenca de impacto Nectaris, de 860 km de diámetro, cercano al lugar de alunizaje del Apolo 16, fueron creados por proyectiles que golpearon dos veces más rápido que los que se encuentran en los terrenos más antiguos. Esto puede verse por un sutil cambio en los tamaños de los cráteres, de un 30% a un 40% mayores como promedio que los cráteres más antiguos.

    Antes de Aitken

    Pero, ¿por qué eran más rápidos estos proyectiles? Puede indicar un cambio en el sistema solar. El análisis apoya la hipótesis de un cataclismo lunar que se produjo hace 4.000 millones de años, debido a las perturbaciones gravitatorias causadas por la reorganización de los planetas gigantes a medida que sus órbitas cambiaban. «Es fascinante que la superficie de nuestra Luna registre evidencias de los cambios orbitales de Júpiter y Saturno que se produjeron hace mucho tiempo», dice Yvonne Pendleton, que ha participado en la investigación.
    El aumento en la velocidad parece haber ocurrido después de que se formara la cuenca de impacto más grande de la Luna, el cráter Aitken, en la cara oculta, de 2.500 kilómetros de diámetro, pero antes de la formación del cráter lleno de lava más grande, visible desde todo el mundo.
    «Este es un momento emocionante para la investigación lunar con la LRO y otras naves espaciales proporcionando tantos nuevos datos tanto», indica el autor principal de la investigación, Simone Marchi. Determinar la magnitud y la duración de cualquier cataclismo de impacto supone una prioridad para el futuro de la ciencia si queremos volver a explorar la Luna, según un informe publicado con anterioridad por el Consejo Nacional de Investigación de EE.UU.

    Metatrónica, ¿la ciencia que matará a la electrónica?

    Científicos trabajan en nuevos materiales capaces de reemplazar la electricidad por luz

    El mundo en que vivimos es fruto, en gran medida, de los avances que se han producido en el ámbito de la ingeniería eléctrica. La capacidad de controlar con precisión el flujo de cargas eléctricas mediante circuitos cada vez más pequeños y complejos es clave en todos los avances que vemos a diario. Si los investigadores de la Universidad de Pennsylvania tienen éxito, se producirá un enorme salto en este campo, ya que están trabajando en metamateriales capaces de proporcionarnos circuitos en los que la electricidad será reemplazada por la luz. Esta nueva tecnología se llama metatrónica y podría ser clave para construir circuitos mucho más pequeños, rápidos y eficientes.
    Nader Engheta, profesor del departamento de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de Pensilvania, está trabajando para crear los materiales que podrían cambiar la electrónica del futuro. El cambio, de producirse, sería radical: dejaríamos de utilizar cargas eléctricas para comenzar a utilizar cuantos de luz. Tan diferente serán esos circuitos, que en lugar de hablar de “electrónica” estaremos hablando de metatrónica, término que hace referencia a los metamateriales en los que se basa.
    "Cuando se analiza el éxito que ha tenido la electrónica a lo largo del siglo pasado es lícito preguntarse si existe un motivo para que nos limitemos a la utilización de la electricidad”, dice Engheta. “Si fuésemos capaces de utilizar longitudes de onda más cortas podríamos construir circuitos más pequeños, más rápidos y más eficientes." Los circuitos que empleamos en la construcción de nuestros dispositivos emplean diferentes arreglos y combinaciones de circuitos electrónicos, capaces de realizar funciones que van desde el equivalente de simples interruptores a las necesarias para construir un superordenador. Componentes como los resistores, inductores, capacitores y transistores se encargan de manipular el flujo de electrones que fluyen por el circuito con precisión matemática.
    Ahora, desde el punto de vista físico, las ecuaciones de Maxwell (fórmulas que describen el comportamiento de los campos electromagnéticos) se pueden aplicar tanto a la electricidad como a la luz, por lo que Engheta comenzó, junto a sus alumnos, a trabajar en el desarrollo de circuitos capaces de funcionar con luz. En 2005 publicaron un artículo que explicaba como podrían funcionar los circuitos ópticos. Siete años más tarde han conseguido construir un prototipo funcional que demuestra que su idea puede funcionar.

    Un peine de nitrito de silicio

    El equipo de Engheta, entre los que se encuentran Yong Sun, Brian Edwards y Alu Andrea, ha bautizado esta tecnología con el término “metatrónica” ("metatronics") y publicado un nuevo artículo en la revista especializada Nature Materials. Los ingenieros suelen tratar a los componentes electrónicos como una “caja negra”, un dispositivo ideal en el que los niveles de sus salidas son determinadas exactamente por los valores presentes en sus entradas. Esto les permite diseñar sus equipos sin tener que preocuparse por lo que está ocurriendo dentro de cada una de las partes que lo componen. En el campo de la óptica tenemos “componentes” macroscópicos, como lentes, guías de onda y rejillas, que pueden ser tratados como “cajas negras” pero que tienen un tamaño tan grande que resulta muy poco práctico construir “circuitos” con ellos. Pero la nanotecnología, una rama relativamente reciente de la ciencia que nos permite ensamblar piezas a partir de átomos sueltos, nos permite diseñar los elementos necesarios para elaborar circuitos ópticos con dimensiones que se miden en nanómetros.
    En el caso del experimento del grupo de Engheta, se ha trabajado con una estructura con una forma similar a la de un peine construido a partir de nanopilares rectangulares de un metamaterial denominado nitrito de silicio. Estas estructuras permiten manipular las ondas de formas que antes eran imposibles. Las secciones transversales de estas y las lagunas que se forman entre ellas constituyen un patrón que reproduce las funciones que en un circuito electrónico poseen las resistencias, inductores y condensadores, los tres componentes electrónicos más simples. “Esto nos permite utilizar diseños similares a lo que empleamos en la electrónica, pero capaces de funcionar con luz", explica Engheta. A lo largo de sus experimentos utilizaron ondas de luz dentro del rango del infrarrojo, pero teóricamente pueden funcionar con longitudes de onda más cortas. Este trabajo recibió el apoyo de la Oficina de la Fuerza Aérea de los EE.UU., lo que demuestra el interés gubernamental existente en este tipo de proyectos.

    Desentierran un mundo perdido

    Científicos descubren en el estado de Nueva York un bosque entero fosilizado de hace 385 millones de años, el más antiguo del mundo

    Para los científicos, fue como caerse de una máquina del tiempo y caminar por un mundo perdido, en el que podían identificar cada árbol y cada planta, con el aspecto exacto que tenían y en el lugar exacto donde se encontraban durante el Devónico Medio, hace millones de años. Científicos del Museo de Nueva York y de las Universidades de Binghamton y Cardiff han desenterrado en el estado de Nueva York un bosque entero fosilizado de 385 millones de años, el suelo del bosque más antiguo del mundo. La investigación, que aparece publicada en la revista Nature, ha permitido describir la extraordinaria riqueza y complejidad de este antiquísimo paraje natural, al tiempo que puede arrojar nueva luz sobre el papel de los bosques actuales y su impacto en el cambio climático.
    «Fue como descubrir el equivalente botánico de unas huellas de dinosaurio», explica William Stein, profesor asociado de ciencias biológicas en la Universidad de Binghamton, y uno de los autores del artículo. «El área recién descubierta fue preservada de tal manera que, literalmente, hemos sido capaces de caminar entre los árboles, sabiendo de qué tipo eran, dónde habían echado raíces y cuánto habían crecido».
    El reciente descubrimiento se ha hecho en la misma área de las montañas de Catskill, en el Condado de Schoharie, donde fueron encontrados en 1920, durante la construcción de una presa cercana, los fósiles de los árboles más viejos de la Tierra. Pero la cantera se rellenó y la única manera de estudiar este escenario natural era a partir de los fósiles guardados en los museos. Pero, por fortuna, una nueva oportunidad surgió en 2010. Durante la reparación de la misma presa, las autoridades de Nueva York permitieron a los investigadores volver a examinar el sitio. Y se llevaron una auténtica sorpresa. No se trataba de unos cuantos árboles, se trataba de la selva entera. Lo que hallaron en esta ocasión fue una gran parte prácticamente intacta del suelo del antiguo bosque, con un impresionante nivel de detalle de la composición global de la selva. Las raíces y las posiciones de las bases de los troncos se habían preservado.

    Árboles de 10 metros

    El antiguo bosque resultó inesperadamente complejo. Para empezar, los árboles de Gilboa, de hasta diez metros de altura y parecidos a palmeras, se asentaban en depresiones de casi dos metros de diámetro, rodeados de miles de raíces. Entre ellos se encontraban las aneurophytales, plantas que vívían en el suelo del bosque, como los helechos modernos, posiblemente luchando para abrirse camino como las enredaderas tropicales hoy en día. Las aneurophytales son los primeros en el registro fósil que tenían madera auténtica y el grupo más antiguo conocido en el linaje que condujo a las modernas plantas de semillas. También hallaron un ejemplo importante de un musgo de árbol.
    El equipo cree que el área probablemente disfrutó de un ambiente de humedal en un clima tropical. En el momento en el bosque de Gilboa empezó a emerger -durante el período Devónico Medio- la Tierra experimentó una dramática caída en los niveles globales de dióxido de carbono atmosférico y el enfriamiento asociado llevó a un período de glaciación. Los científicos creen que el bosque nos puede enseñar mucho sobre los ecosistemas actuales y ofrecer lecciones valiosas sobre el cambio climático y el futuro del planeta.

    Así eran las pulgas gigantes del Jurásico

    Hasta seis veces más grandes que las actuales, se alimentaban de sangre de dinosaurio y eran incapaces de saltar

    Científicos franceses han hallado en China los fósiles más antiguos de pulgas jamás encontrados, unos parásitos «gigantes» en comparación con los actuales, según recoge hoy la revista británica Nature. Sorprende su tamaño: las hembras podían medir hasta 20,6 milímetros cuando una pulga moderna llega de forma extraordinaria hasta los cinco. Su rasgo más sorprendente es una boca con forma de sifón alargado con la que perforaban la piel de sus víctimas, al principio nada menos que dinosaurios. Curiosamente, sus patas no estaban preparadas para el salto.
    El equipo de André Nel, entomólogo del Museo de Historia Natural de París, encontró nueve fósiles en las provincias chinas de Daohugou, Mongolia Interior y Liaoning, que datan de dos épocas diferentes, el Jurásico medio (hace 165 millones de años) y del Cretácico inferior (entre 145 y 99 millones de años).
    En una época en la que la Tierra estaba habitada por dinosaurios y grandes reptiles, el hallazgo prueba que el tamaño de las pulgas también era visiblemente mayor: el cuerpo de las hembras podía medir entre 14 y 20,6 milímetros y el de los machos entre 8 y 14,7 milímetros. Estas dimensiones contrastan con las de las pulgas actuales, que oscilan entre 0,8 y 5 milímetros, y miden de media 3,5 milímetros.
    Los restos encontrados, tanto de hembras como de machos, muestran que tenían un abdomen largo y ancho, una cabeza relativamente pequeña, patas largas y una antena pequeña y compacta, pero carecían de alas. Su rasgo más sorprendente es su boca (con forma de sifón alargado), con la que perforaban la piel de sus anfitriones, más larga en las hembras que en los machos y visiblemente menor que la de las pulgas de hoy en día.
    Conservan también algunos rasgos primitivos, en particular unas patas traseras no aptas para saltar. Estas características sugieren a los investigadores que las pulgas gigantes evolucionaron a partir de la mosca escorpión, una especie alada que habitó en el Cretácico inferior, que tenía una boca similar para alimentarse del néctar de las flores y que se extinguió con la aparición de insectos modernos como los mosquitos o las hormigas.
    «La boca y los genitales de las moscas escorpión macho son muy similares a los de las pulgas gigantes, lo que apoya la teoría de que ambas especies están relacionadas y que las pulgas gigantes son moscas escorpiones que evolucionaron para alimentarse de sangre», explica Nel. Con motivo de esa adaptación, las pulgas perdieron sus alas y disminuyó el tamaño de su antena y de sus ojos.

    Dinosaurio para cenar

    El descubrimiento ha aportado también nueva información sobre la evolución en la elección de sus víctimas ya que, en un primer momento, estos parásitos podrían haberse alimentado de la sangre de dinosaurios con plumas y con posterioridad pasaron a los mamíferos y las aves. «El gran tamaño de estas pulgas en comparación con las modernas indica que en un primer momento no debieron alimentarse de pequeños mamíferos, sino de grandes dinosaurios con plumas», indica Nel.
    «A medida que estos grandes dinosaurios se extinguieron, desaparecieron también las pulgas gigantes, mientras que las modernas se desarrollaron probablemente durante el Cretácico tardío, a la par que los mamíferos», añadió el investigador. Sin embargo, el motivo de que su tamaño se redujese tanto permanece sin resolver. «Quizá adaptarse para poder saltar fue una mejor solución evolutiva que tener un cuerpo grande», especula Nel.
    El hallazgo de estos fósiles es poco frecuente, ya que los restos de ectoparásitos, insectos que viven sobre la piel de sus víctimas y entre los que figuran las pulgas y piojos, son poco abundantes y difíciles de encontrar, lo que dificulta la investigación de sus orígenes en la era mesozoica.

    El terrible cáncer facial del demonio de Tasmania, provocado por una sola hembra

    Los científicos la llaman «El Diablo Inmortal», porque, aunque murió hace más de quince años, su ADN permanece vivo en los ejemplares enfermos


    El demonio de Tasmania, el marsupial carnívoro más grande del mundo que habita la isla australiana a la que debe su nombre, sufre un terrible y extraño cáncer facial que está a punto de acabar con la especie. La enfermedad, en extremo contagiosa, deforma la cara de los animales de forma repulsiva, hasta el punto de que la víctima muere por hambre o sofocación en solo unos meses. El pasado mes de junio, un grupo de investigadores anunciaba que había conseguido secuenciar el genoma de dos ejemplares, un paso muy importante para conocer la causa de este mal. Ahora, los científicos han logrado catalogar las mutaciones presentes en el cáncer, lo que da nuevas pistas muy reveladoras acerca de dónde proviene el tumor y cómo se hizo tan contagioso. La causante: una única hembra.
    Estos marsupiales de piel negra y potentes mandíbulas habitaban toda Tasmania hasta que el cáncer facial incurable detectado por primera vez en 1996 terminó con la mitad del censo en libertad, unos 75.000 ejemplares. El cáncer se transmite por mordiscos o contacto físico entre los animales, el único que se conoce que se propaga de esta forma. La nueva investigación, publicada en la revista Cell, ha revelado que surgió por primera vez de las células de una sola diablo de Tasmania. Esta hembra ha sido apodada por los científicos como «El Diablo Inmortal», porque a pesar de que murió hace más de 15 años, su ADN sigue vivo en la línea celular de cáncer contagioso que generó.
    «El cáncer del demonio de Tasmania es el único que amenaza a toda una especie de extinción», explica Elizabeth Murchison, autora principal del estudio e investigadora del Wellcome Trust Sanger Institute, una institución británica sin ánimo de lucro dedicada a la investigación genética. «La secuenciación del genoma de este cáncer nos ha permitido catalogar las mutaciones que lo hacen crecer y persistir en la población del demonio de Tasmania», dice.
    El equipo encontró evidencias de diferencias genéticas entre los tumores, lo que indica que el cáncer se ha distinguido genéticamente durante su propagación. Buscaron estas diferencias entre los tumores de 69 demonios de Tasmania de lugares distantes, lo que les permitió construir un mapa de la propagación del cáncer a través de la población de diablos. Esto significa que algunos subtipos de cáncer pueden ser más virulentos que otros.

    Un nuevo método para encontrar vida en otros planetas

    La técnica, en la que han participado científicos de Canarias, permite descubrir si la vida vegetal más simple se encuentra en otro lugar del Universo

    A partir de la observación de la Luna, astrónomos del Observatorio Europeo Austral (ESO) han encontrado evidencias de vida en el Universo... concretamente en la Tierra. Encontrar vida en nuestro planeta puede parecer una observación trivial, pero el nuevo enfoque de este equipo internacional de científicos, entre los que participan astrónomos canarios, puede llevar a futuros descubrimientos de vida en otros lugares del Universo. El trabajo se describe en un artículo que aparece publicado en la revista Nature.
    «Utilizamos un truco llamado observación earthshine (en inglés, brillo de la Tierra) para mirar la Tierra como si fuera un exoplaneta», explica Michael Sterzik, autor principal de la investigación. «El Sol brilla sobre la Tierra y esa luz se refleja de nuevo sobre la superficie de la Luna. La superficie lunar actúa como un enorme espejo».
    Los astrónomos analizan la débil luz reflejada por la Tierra buscando indicadores, como ciertas combinaciones de gases en la atmósfera de la Tierra, los delatores de la presencia de vida orgánica. Este método hace de la Tierra un punto de referencia para la futura búsqueda de vida en planetas más allá del Sistema Solar.
    Las huellas de vida, o biomarcadores, son difíciles de encontrar con métodos convencionales, pero el equipo ha sido pionero al aplicar un nuevo enfoque más sensible. En lugar de limitarse a observar cuán brillante es la luz reflejada en diferentes colores, también observan la polarización de la luz, una técnica denominada espectropolarimetría. Aplicando esta técnica al brillo de la Tierra observado con el VLT, pueden verse con claridad los biomarcadores en la luz reflejada desde la Tierra.
    Stefano Bagnulo (Observatorio de Armagh, Irlanda del Norte, Reino Unido), coautor de este estudio, explica las ventajas: «La luz de un exoplaneta distante es difícil de ver debido al brillo de la estrella anfitriona, con lo cual es muy difícil analizarla; casi tan complicado como intentar estudiar un grano de polvo junto una potente bombilla. Pero la luz reflejada por un planeta se polariza, mientras que la de la estrella no. Por tanto, las técnicas polarimétricas nos ayudan a capturar la débil luz reflejada de un exoplaneta proveniente de su deslumbrante estrella».
    El equipo estudió tanto el color como el grado de polarización de la luz de la Tierra tras ser reflejada por la Luna, como si la luz viniera de un exoplaneta. Consiguieron deducir que la atmósfera de la Tierra es parcialmente nubosa, que parte de su superficie está cubierta de océanos, y que —y esto resulta crucial— hay vegetación. Pudieron incluso detectar cambios en la cobertura de nubes y en la cantidad de vegetación en diferentes momentos, dado que la luz reflejada por la Luna provenía de diferentes partes de la Tierra.
    «Encontrar vida fuera del Sistema Solar depende de dos cosas: en primer lugar, de que esa vida exista y, en segundo, de que contemos con la suficiente capacidad técnica para detectarla», añade Enric Palle, del Instituto de Astrofísica de Canarias. «Este trabajo es un paso adelante en el camino para alcanzar esas capacidades».
    «La Espectropolarimetría puede, en última instancia, decirnos si la vida vegetal más simple —basada en procesos de fotosíntesis— ha emergido en algún otro lugar del Universo», concluye Sterzik. «Pero, por supuesto, no estamos buscando pequeños seres verdes ni evidencias de vida inteligente».
    La próxima generación de telescopios, como el E-ELT (European Extremely Large Telescope), podría ser capaz de darnos la extraordinaria noticia de que la Tierra no está sola como portadora de vida en el Universo.

    Así era el pingüino prehistórico gigante

    Tenía el cuerpo delgado y las aletas largas, pero las patas eran cortas y gruesas

    Después de 35 años, se ha logrado completar la reconstrucción de un fósil gigante de pingüino, ofreciendo a los investigadores nueva información sobre la diversidad de los pingüinos prehistóricos. Los huesos fueron recogidos en 1977 por el doctor Ewan Fordyce, paleontólogo de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda.
    En 2009 y 2011, el doctor Dan Ksepka, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, y el doctor Paul Brinkman, viajaron a Nueva Zelanda para ayudar en la reconstrucción del fósil de pingüino; y ahora, han publicado sus hallazgos en el «Journal of Vertebrate Paleontology».
    Los investigadores apodaron Kairuku al pingüino, una palabra maorí que se traduce como "buzo que regresa con comida". Ksepka se interesó en el fósil porque su forma corporal es diferente a la de todos los pingüinos conocidos, tanto vivos como extintos. Además, el investigador también estaba interesado en la diversidad de las especies de pingüinos que vivían en lo que hoy es Nueva Zelanda, durante el período Oligoceno, que tuvo lugar hace, aproximadamente, 25 millones de años.
    Según Ksepka, "Nueva Zelanda fue un lugar ideal para los pingüinos en términos de alimentos y seguridad. La mayor parte de la isla estaba bajo el agua en ese momento, dejando masas rocosas aisladas que mantenían a los pingüinos a salvo de los depredadores, y les proporcionaban comida abundante".

    Cuerpo delgado y aletas largas

    Kairuku fue una de las, al menos, cinco especies diferentes de pingüinos que vivieron en Nueva Zelanda durante el mismo período -esta diversidad de especies fue lo que hizo difícil la reconstrucción. "Kairuku era un ave elegante para los estándares de los pingüinos, con un cuerpo delgado y aletas largas, pero patas cortas y gruesas", explica Ksepka.
    Los investigadores realizaron la reconstrucción a partir de dos fósiles de Kairuku, por separado, utilizando el esqueleto de un pingüino rey actual, como modelo. El resultado fue un pájaro alto, de pico y aletas alargados - sin duda, la mayor de las cinco especies que eran comunes en la zona durante el Oligoceno.
    Nueva Zelanda contiene fósiles excepcionales, que dan pistas importantes sobre la historia de los pingüinos y otras criaturas marinas. Ksepka espera que la reconstrucción de Kairuku dé a otros paleontólogos más información acerca de otros fósiles en la misma zona, así como un mejor conocimiento sobre las especies de pingüinos gigantes.

    El extraño caso del caballo menguante

    Una investigación saca a la luz pruebas de los efectos del aumento de temperatura sobre el tamaño corporal

    El antepasado de todos los caballos, 'Sifrhippus', sufrió en América hace 56 millones espectaculares cambios de tamaño. En un periodo de 130.000 años, perdió un 30% de su masa corporal hasta llegar a pesar solo 3,8 kilos -lo mismo que un pequeño gato doméstico actual- y, en los 45.000 años siguientes, engordó hasta los 6,8 kilos. Científicos estadounidenses explican en 'Nature' que la reducción de tamaño de este animal y otros tuvo su origen en el cambio climático que en esa época sufrió el planeta. A más calor, menor tamaño.
    'Sifrhippus' sufrió esos cambios durante lo que se conoce como el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (MTPE), un periodo de 175.000 años en el que las temperaturas subieron una media de 6º C como consecuencia de grandes cantidades de carbono emitidas a la atmósfera y los océanos por una muy intensa actividad volcánica.
    Los científicos saben desde 1989 que durante el MTPE numerosas especies redujeron su tamaño, en algunos casos hasta la mitad. Ahora, un estudio dirigido por Ross Secord, de la Universidad de Nebraska-Lincoln, y Jonathan Bloch, del Museo de Historia Natural de la Universidad de Florida, ha encontrado pruebas de la relación causa-efecto entre aumento de la temperatura y reducción del tamaño.

    Cada vez más pequeños

    Stephen Chester, estudiante de antropología y coautor del trabajo, medía hace siete años los dientes de 'Sifrhippus' de un yacimiento en la cuenca del río Bighorn, al oeste de Wyoming, cuando descubrió algo que sorprendió a Secord y Bloch. "Dijo que los caballos más antiguos eran mucho más grandes que los más recientes. Pensé que tenía que haber algún error, pero estaba en lo cierto: el patrón se hacía más fuerte a medida que se examinaban más fósiles", recuerda Bloch.
    Un análisis geoquímico de los isótopos de oxígeno presentes en los dientes confirmó que la causa de la reducción de tamaño había sido la temperatura ambiental. "Cuando Jon y yo tuvimos los datos del oxígeno del espectrómetro de masas, vimos inmediatamente que las tendencias del tamaño de los caballos y la temperatura eran especulares", indica Secord.
    El calentamiento que dio lugar al MTPE se produjo durante entre 10.000 y 20.000 años, recuerdan los autores. Y, durante ese máximo térmico, surgieron los ancestros de varios grupos de mamíferos, incluidos los primates. Ahora, las peores previsiones apuntan a que, en los próximos cien años, las temperaturas pueden subir en la Tierra hasta 4º C como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero.
    "Hay una gran diferencia en escala temporal, y la pregunta es: ¿vamos a ver el mismo tipo de respuesta evolutiva? ¿Van a ser los animales capaces de reajustar sus tamaños corporales durante los dos próximos siglos?", se pregunta Secord.

    Sí, el cielo se desploma sobre nuestras cabezas

    Un satélite de la NASA descubre que las nubes están hasta 40 metros más bajas que hace una década, lo que puede tener importantes implicaciones en el clima mundial

    En efecto, el ancestral miedo de que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas se está haciendo realidad. Pero, por supuesto, no es exactamente el cielo lo que cae, sino las nubes. Un satélite de la NASA ha descubierto que las nubes de la Tierra están cada vez más bajas. En concreto, han perdido un 1% de su altura -de 30 a 40 metros- a lo largo de la última década. Este fenómeno tiene implicaciones potenciales para el clima mundial en el futuro. Según los científicos, de continuar este proceso, nuestro planeta podría enfriarse de manera más eficiente, reduciendo la temperatura de la superficie del planeta y «ralentizando potencialmente los efectos del calentamiento global».
    Científicos de la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda analizaron mediciones de la altura de las nubes tomadas durante diez años (de marzo de 2000 a febrero de 2010) por instrumentos de la nave espacial Terra de la NASA. El estudio, publicado recientemente en la revista Geophysical Research Letters, revela una tendencia general a la disminución de altura de las nubes. El promedio se redujo en alrededor de un 1% durante la década, es decir, de 30 a 40 metros. La mayor parte de la reducción se debió a un menor número de nubes que se producen a gran altura.
    El investigador principal, Roger Davies, explica que si bien el registro es demasiado pequeño para ser definitivo, proporciona un indicio de que algo muy importante podría estar pasando. Aunque es necesario realizar un seguimiento a más largo plazo para determinar la influencia de este proceso en las temperaturas globales.

    Enfriamiento

    Una reducción constante en la altura de las nubes permitiría a la Tierra enfriarse al espacio de manera más eficiente, reduciendo la temperatura de la superficie del planeta y potencialmente ralentizando los efectos del calentamiento global. Esto puede representar un mecanismo de «retroalimentación negativa», un cambio provocado por el calentamiento global que, por extraño que parezca, ayuda a contrarrestarlo. «No sabemos exactamente lo que hace que las nubes disminuyan de altura», dice Davies. «Pero tiene que ser debido a un cambio en los patrones de circulación que dan lugar a la formación de nubes a gran altura».

    La nave Terra seguirá recopilando datos para ver si esta tendencia continúa.

    Las pastillas para dormir aumentan en cuatro veces el riesgo de muerte prematura

    Algunas pastillas que comúnmente se emplean para dormir podrían estar asociadas con un mayor riesgo de muerte. De hecho, según un trabajo que se acaba de publicar en British Medical Journal, el consumo de estos medicamentos inductores del sueño, incluso en cantidades inferiores a las 18 dosis al año, cuadriplica el riesgo de muerte. El estudio señala además que su consumo en dosis elevadas se relaciona también con un riesgo significativamente mayor de cáncer.
    En EE.UU., se calcula que entre uno de cada 20 o de cada 10 adultos consumen somníferos; en España, se calcula que los somníferos sin receta son consumidos por un 1,6%, de la población. Los investigadores, de la Clínica Scripps (EE.UU.), han evaluado la supervivencia de más de 10.500 personas a las que se les prescribió una serie de pastillas para dormir durante un periodo medio de 2,5 años entre 2002 y 2007.

    Los fármacos analizados incluían benzodiacepinas, como el temazepam, no benzodiacepinas, como el zolpidem, eszopiclona, y zaleplon, barbitúricos y antihistamínicos sedantes.

    Los investigadores compararon la supervivencia de estos pacientes, cuya edad promedio era 54 años, con la de más de 23.500 personas de la misma edad, sexo, estilo de vida y problemas de salud subyacentes, pero que no habían consumido pastillas para dormir durante el mismo periodo.

    Después de tomar en cuenta factores que pudieran influir en los resultados -edad, sexo, peso, estilo de vida, origen étnico y diagnóstico previo de cáncer-, los resultados sugerían la existencia de un vínculo entre estos medicamentos y un mayor riesgo de muerte, incluso en dosis relativamente bajas.

    Más concretamente, los resultados mostraron que aquellas personas a las que prescribieron hasta 18 dosis al año tenían 3,5 veces más probabilidades de morir que los no tomaban pastillas; si el consumo era entre 18 y 132 dosis fueron, el riesgo se cuadriplicaba. Y los que tomaron la mayor cantidad de dosis (132 + un año) tenían cinco veces más probabilidades de morir.
    Tasa de mortalidad
    Aunque el número total de muertes en cada grupo fue reducido, los expertos encontraron claras diferencias entre ellos. Por ejemplo, hubo 265 muertes entre las 4.336 personas que tomaban zolpidem, en comparación con las 295 muertes entre las 23.671 personas que no habían tomado sedantes o pastillas para dormir. Además, los que tomaron el mayor número de dosis también estaban en mayor riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer.

    Los autores advierten no obstante que los estudios que muestran asociación no prueban, necesariamente, causa y efecto. Sin embargo, sus hallazgos y las investigaciones anteriores muestran un mayor riesgo de muerte entre los consumidores de pastillas para dormir. Por ello, los investigadores creen que se debe reconsiderar el uso de hipnóticos a corto plazo.

    En este sentido, la editora jefe del BMJ, Trish Groves, añade que, «aunque los autores no han sido capaces de probar que las píldoras para dormir causen la muerte prematura, sus análisis han descartado una amplia gama de factores causales posibles para estos resultados, que plantean problemas importantes, y dudas sobre la seguridad de los sedantes y pastillas para dormir».

    Trasplante de pelo, de las piernas a la cabeza

    Los resultados estéticos son mejores para repoblar la zona de las entradas, según dermatólogos de la Universidad de California

    A partir del vello de las piernas se obtiene un pelo más suave para la línea de nacimiento del cabello
    A falta del «crecepelo» milagroso, hoy la mejor opción para repoblar una cabeza es recurrir al trasplante de capilar. Esta intervención permite llevar pelo de las zonas más pobladas, casi siempre de la nuca, a las zonas más despobladas, pero siempre desde la cabeza. Dermatólogos norteamericanos han probado con éxito una nueva fuente capilar. En lugar de extraer el pelo de la cabeza han probado a implantar el vello de las piernas de sus pacientes. Y, de momento, con buenos resultados. En la revista «Archives of Dermatology»describen el procedimiento con dos voluntarios con alopecia androgénica, el tipo de calvicie masculina más común. Esta forma de alopecia suele manifestarse con la aparición de entradas, donde el cabello suele ser muy fino.
    El resultado con el vello de las piernas es más natural, asegura Sanusi Umar, el profesor de Dermatología de la Universidad de California, que ha diseñado el nuevo procedimiento. En las entradas, en la línea de nacimiento del cabello, el pelo suele ser tan fino y suave como el de un bebé. En cambio, en la nuca el pelo es más grueso y fuerte. Si se trasplanta desde allí el resultado siempre es menos natural.

    Pelo menos duro y tieso

    Umar ha probado con dos pacientes, de 35 y 29 años que ya se habían sometido a dos trasplantes capilares tradicionales con resultados poco satisfactorios. El injerto con pelo de la nuca les había repoblado la zona, aunque con un cabello duro y tieso, difícil de domar.
    El equipo de Umar cambió ese pelo por el vello de sus piernas. Extrajo mil folículos capilares y los reimplantó, pelo a pelo en la cabeza. Entre el 75 y el 80% del pelo trasplantado creció sin problema en la cabeza de sus pacientes después de una intervención con anestesia local. La línea de nacimiento del cabello se repobló en nueve meses con unos resultados muy satisfactorios para los pacientes, según se relata en el estudio.
    Desde que publicó estos dos casos, Umar ha hecho ocho injertos más con esta nueva técnica, incluida una mujer.